¡Esto es por lo que importa el 11 de septiembre!
por Elias Davidsson

traducido por Martín
artículo original "This is why 9/11 matters!" 2 de abril de 2007
Un número de
personas, especialmente de la izquierda, sostiene que en
realidad no importa quienes cometieron las atrocidades del 11 de
septiembre
de 2001 - fanáticos musulmanes reaccionarios,
imperialistas de los EE.UU. ,
o quien sea. Según este punto de vista, insistir en la
identificación de los culpables no mejora los intereses de la clase
obrera o
de los pueblos oprimidos del mundo sino que constituye una
distracción burguesa. Lo importante, dicen algunos, son las
consecuencias del 11S, como las guerras de agresión contra
Afganistán e Irak, el establecimiento de cárceles secretas, las
políticas de detención prolongada de sospechosos sin el debido proceso
y el acceso a abogados, las políticas de la tortura, el
aumento de los poderes de la policía típicos de los estados de
excepción, etc.
Otro argumento en contra de centrarse en los acontecimientos
del 11S es
el hecho de que, en términos de daño humano, estos acontecimientos son
mínimos en comparación con las muertes diarias de alrededor de
30.000 niños por causas evitables (el equivalente a 10 onces de
septiembre, cada día), o la muerte de 4-5 millones de personas en la
guerra civil del Congo en los últimos años. El último argumento, sin
duda, tiene mérito. Dar prioridad a los problemas de acuerdo a su
medida en términos de sufrimiento humano es, sin duda, un planteamiento
legítimo, pero no es necesariamente el más eficaz.
Para ser justos, no ha habido ningún debate real de si
importa o no quien cometió las atrocidades del 11S. La mayoría de los
izquierdistas oficiales dan estos hechos por supuestos y no
muestran ningún interés en examinar el asunto desde la perspectiva moral,
jurídica o política.
En el siguiente artículo, voy a intentar demostrar que hay una serie de
apremiantes razones por las cuales determinar la verdad sobre los
acontecimientos del 11S es de máxima importancia para todas las
personas que se preocupan por la paz mundial, la justicia, y el
gobierno de de la ley y la democracia. Es mi opinión que la búsqueda de
la verdad de los acontecimientos del 11S puede ser la más poderosa, y
posiblemente única, estrategia revolucionaria de la que se dispone en la
actualidad para oponerse al imperialismo, al militarismo y la agenda
neoliberal.
En primer lugar, voy a
desechar la afirmación de que luchar por la plena verdad del 11S es una
desviación de las más importantes cuestiones políticas. No hay que
olvidar que la mayoría de los escépticos del 11S también se oponen a la
guerra de EE.UU. contra Irak y Afganistán y a las violaciones de los
derechos humanos cometidas por el gobierno de los EE.UU. en contra de
sus ciudadanos y extranjeros en nombre de la "guerra contra el
terror". La cuestión no es, por tanto, la de priorizar o no los
asuntos. La cuestión de las prioridades sólo puede venir, sin embargo,
una vez de que los hechos están establecidos. Los gobiernos no están
dispuestos a revelar la verdad de los hechos. Con este
artículo, trato de demostrar la fuerza del 9/11-truth (movimiento por
la verdad del 11S) como un instrumento democrático revolucionario.
1. El
primer motivo por el que el 11S importa es más bien mundano y puede
parecer trivial para algunas personas. La razón es que las víctimas de
un acto criminal - y esto incluye a los familiares de los muertos -
tienen derecho a saber la verdad, a saber, el qué, cómo, cuándo, quién
y dónde del crimen. Este derecho es a la vez moral y legal. Mientras
que en EE.UU. la legislación nacional no provee a las víctimas de un
delito con el derecho legal a la verdad, los órganos judiciales
internacionales y regionales de derechos humanos, concluyen en el
derecho a la verdad por varios derechos humanos fundamentales. Los estados
también han reconocido el derecho a la verdad mediante la creación de
Comisiones. El derecho a la verdad también es considerado como uno de
los recursos debidos a las víctimas de delitos. Negar a los familiares
de las víctimas el derecho a saber cómo, cuándo y dónde sus seres
queridos murieron y quién es el responsable de sus muertes, es cruel.
En muchos casos, la determinación de los hechos de un delito es clave
para los familiares de las víctimas para obtener una indemnización. Con
el fin de eludir la obligación de proporcionar la verdad, el gobierno
de los EE.UU. ofrece a los familiares de las víctimas del 11S un trato:
Se les proporcionará una importante compensación económica - un
promedio de 1,8 millones de dólares por víctima - si aceptan no
demandar a nadie, esto es, no forzar al descubrimiento de pruebas en
los tribunales. Afirmar que es "irrelevante" quién cometió el asesinato
en masa sería considerado con razón, cínico por las partes interesadas.
2. La segunda razón es simplemente que los autores de cualquier delito
deberían ser identificados, procesados y castigados. El cumplimiento de
la ley sirve para proteger a la sociedad del daño, previene de nuevos
delitos y castiga y trata de rehabilitar al delincuente. Esta es una de
las obligaciones de los estados para con sus ciudadanos. Debido a la
abultada y premeditada naturaleza de este asesinato en masa, los
acontecimientos del 11S deberían ser considerados como un crimen contra
la humanidad. La Asamblea General de Naciones Unidas ha promulgado en
su resolución 3074 (XXVIII) de 3 de diciembre de 1973 los principios de
la cooperación internacional en la identificación, detención,
extradición y castigo de los culpables de crímenes de guerra y crímenes
contra la humanidad. Según el principio 1, "los crímenes de guerra y
los crímenes contra la humanidad, dondequiera que se cometan, estarán
sujetos a investigación y las personas contra quienes hubiera pruebas
de que hayan cometido tales crímenes serán objeto de localización,
detención, juicio y, en caso de encontrarlos culpables, castigados". De
acuerdo con el Principio 8, "Los estados no adoptarán medidas
legislativas o de otro tipo que puedan causar perjuicio a las
obligaciones internacionales que han contraído en lo que respecta a la
identificación, detención, extradición y castigo de los culpables de
crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad." Aunque este decreto
de la Asamblea General no es vinculante para los estados, contribuye -
porque no es rebatido por cualquier estado miembro - a la
cristalización de una norma convencional internacional, que se
convierte en vinculante para los estados, incluso sin ningún tipo de
tratado. Este decreto, por cierto, fue aprobado sin oposición. El
establecimiento de la Corte Penal Internacional es un paso adicional
para garantizar que las personas que cometen crímenes internacionales
sean llevadas ante la justicia, aun cuando los estados no quieran o no
puedan hacerlo. El 12 de septiembre de 2001, el Consejo de Seguridad de
la ONU, en su resolución 1368 (2001) pidió a todos los estados miembros
" que trabajaran juntos con urgencia para llevar ante la justicia a los
autores, organizadores y patrocinadores de estos actos terroristas [del
11 de septiembre de 2001] y subraya que los responsables de prestar
asistencia, apoyo o protección a los autores, organizadores y
patrocinadores de estos actos tendrán que rendir cuentas; que
cooperaran para asegurar el enjuiciamiento de quienes cometieron este
crimen". Como los autores, organizadores y patrocinadores de los atentados no
han sido llevados ante la justicia, la resolución del Consejo de
Seguridad no se ha cumplido. El gobierno de Estados Unidos ha fallado
al "investigar" los crímenes. Exactamente cuatro semanas después, el ex-Fiscal General de EE.UU., John Ashcroft, y el ex
director del FBI, Robert S. Mueller, ordenaron expresamente al personal
del FBI que dejaran a un lado la investigación de este asesinato en
masa en caso de que surgiera cualquier sospecha de nuevas amenazas
terroristas. Por lo tanto, no es de extrañar que el FBI no dé a conocer
los resultados de su investigación y que nadie haya sido acusado, y
mucho menos procesado por la planificación o la participación en este
asesinato en masa. Los que afirman que "no importa" quién cometió el
11S, apoyan implícitamente el principio de la impunidad de un crimen
contra la humanidad y muestran su despreocupación por las normas
jurídicas internacionales.
3. La tercera
razón está relacionada con nuestra seguridad individual y colectiva.
Nadie ha sido procesado por la planificación, organización y / o la
participación de los atentados, porque de hecho ninguno ha sido
procesado o vinculado con el crimen. Esto puede sorprender a algunos
lectores. Sin embargo, no hay pruebas verificables de que las 19
personas mencionadas por el FBI como secuestradores del 11S, subieran
en realidad a los aviones que se estrellaron ese día: Sus nombres no
aparecen en las listas de pasajeros, ninguna persona ha testificado
haberlos visto embarcar en los aviones, y sus restos corporales no han
sido identificados. Por lo que sabemos, la afirmación de que fanáticos
musulmanes secuestraron cuatro aviones aquel día sigue siendo una
acusación sin fundamento, y no un hecho. En cuanto a sus planificadores, los EE.UU. mantienen detenida a una persona con el nombre de
Khaled Sheik Mohammed, al que los dirigentes de dicho páis han declarado
como el cerebro de los actos terroristas. Al parecer en marzo de 2007, confesó haber
planeado el asesinato en masa del 11S y otros 30 delitos de terrorismo
en todo el mundo. Sin embargo, la persona que hizo esta confesión no ha
sido vista por algún observador externo, juez, periodista o trabajador
por los derechos humanos, desde su presunta detención. La identidad de
esa persona sigue envuelta en el misterio. No es seguro que la persona
que hizo esta supuesta confesión sea del todo Khaled Sheik Mohammed, o
cualquier otra persona, para el caso. Aparte de la incapacidad para
identificar a esa persona, no se sabe en qué condiciones ésta hizo la
confesión, si esa persona fue torturada o si ciertas promesas le fueron
hechas con el fin de garantizar su "confesión". Serias dudas sobre la
autenticidad de ésta, sobre todo por qué el presunto convicto
confesó los delitos, que no pudo haber previsto (porque él ya estaba
en la cárcel por aquel entonces). E incluso si el verdadero Khaled
Sheik Mohammed hizo esa confesión, su confesión no probaría que las 19
personas acusadas de haber cometido el asesinato en masa, en realidad
lo hicieran, a menos que él, u otras personas, pudieran demostrar que
en realidad estos 19 musulmanes embarcaron en el avión, fueran capaces
de ejecutarlo y lo ejecutaran. La conclusión es que no sabemos
realmente quienes planearon y cometieron el asesinato en masa del 11S.
En realidad existe mucha más evidencia concluyente que sugiere que el
gobierno de los EE.UU., y no una banda de musulmanes, planificó y
perpetró dicho asesinato en masa. Como no han sido presentadas
pruebas concluyentes en cuanto a la identidad de los planificadores y
autores, se deduce que pueden estar todavía en libertad y que pueden
realizar nuevas atrocidades. Este peligro es especialmente grave si el
delito del 11S se ha llevado a cabo a instancias del gobierno de los
EE.UU. Es tanto lo que está en juego aquí, que los que se niegan a
investigar quien cometió el 11S, aparecen como imprudentes e
irresponsables hacia sí mismos, sus familias y sus sociedades.
4. La cuarta razón es que los
acontecimientos del 11S se han utilizado para justificar las guerras de
agresión. Han permitido a los Estados Unidos y a la OTAN legitimar las
guerras de agresión y la ocupación militar de estados soberanos. La
agresión contra Afganistán estaba justificada por su relación directa
con el 11S. El 2 de octubre de 2001, el representante de los EE.UU. hizo
una exposición en el Consejo de la OTAN en la que presentó "pruebas" de
vínculos entre Osama Bin Laden y los acontecimientos del 11S. Sobre esa
base el Consejo, en representación de todos los estados de la OTAN,
apeló por primera vez al artículo 5 de la Carta del Atlántico, en la
que la OTAN equipara el "ataque contra los Estados Unidos" con un
ataque a todos los miembros de la OTAN. En virtud del concepto de
seguridad colectiva, la OTAN hizo suya la agresión de EE.UU. contra
Afganistán. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fue
embaucado ya el 12 de septiembre de 2001 para declarar los
acontecimientos del día anterior como terrorismo "internacional". Sin
embargo, el Consejo no fue provisto, incluso con una pizca de evidencia
de que el asesinato en masa se gestara fuera de los Estados Unidos, por
no hablar de Afganistán. No se sabe si algunos miembros del Consejo de
Seguridad tenían conocimiento previo de los hechos, si fueron
sobornados para designar a los acontecimientos en ese lenguaje o,
simplemente, que participaran en sula descuidada redacción. Se hizo obvio
poco tiempo más tarde, sin embargo, que el Consejo de Seguridad adoptó
alegremente la versión oficial de la administración de los EE.UU.: El
Consejo ha declarado al terrorismo como uno de las "mayores amenazas
para la paz y la seguridad", sin ni siquiera molestarse en substanciar
esta determinación basada en hechos. La OTAN y la Unión Europea han
situado por igual la lucha contra el terrorismo internacional en la
cima de sus prioridades en cuestiones de seguridad, como si el
terrorismo fuera una amenaza real para cualquier país, ni que decir
para la "paz y la seguridad internacionales". Esta campaña se basa en
el mantenimiento del temor hacia el terrorismo. Si se puede demostrar
que los acontecimientos del 11S no fueron un acto de terrorismo
internacional, sino una "operación de falsa bandera" por el gobierno de
los EE.UU., es más fácil no sólo para dejar al descubierto la política
exterior de los Estados Unidos como ilegal, sino para exponer la
naturaleza engañosa de la ideología contra el terrorismo promovida por
el Consejo de Seguridad, la OTAN y la Unión Europea. Hay que recordar
que "las operaciones de bandera falsa", (los actos terroristas
organizados por los servicios secretos y que se atribuyen a los
enemigos), han sido cometidos tanto por los EE.UU. y la OTAN en las
últimas décadas (ver artículo).
Cuando los ciudadanos se den cuenta de la utilización de operaciones de
"falsa bandera" por parte de los gobiernos, estos métodos serán más
difíciles de utilizar. Desenmascarar el 11S como una operación de
"falsa bandera" facilitaría ese conocimiento.
5. La quinta razón es que los acontecimientos del 11S fueron seguidos
por la más exitosa operación de propaganda en la historia
contemporánea. No existe precedente de ese adoctrinamiento en
condiciones de paz, la libre circulación de la información y la era de
Internet. Historiadores e intelectuales de los medios de comunicación
todavía no se han enfrentado con este fenómeno. El éxito de esta
operación se puede medir por el hecho de que prácticamente a todas las
naciones, incluyendo a las élites intelectuales de éstas y sus clases
políticas, se les hizo creer que el asesinato en masa del 11S fue
planeado por Osama Bin Laden y llevado a cabo por 19 musulmanes
fanáticos. Un análisis de esta propaganda masiva revela fácilmente las
técnicas utilizadas para crear este mito. Entre estas técnicas había
historias difundidas por el FBI, como la de que un Corán y un manual de
instrucciones de vuelo se encontraban en un automóvil abandonado por
los secuestradores en el aeropuerto de Boston, que un testamento en
árabe fue encontrado en una maleta que "no llegó al vuelo", que un
pasaporte intacto de uno de los" secuestradores "se encontró entre los
escombros del World Trade Center, minutos después del accidente del
avión, y otras historias que impresionan a los ciudadanos de a pie de
que los autores fueron fanáticos musulmanes. Se nos hizo creer que
los "terroristas", a los que nadie vio subir al avión,
intencionadamente dejaron un rastro de pruebas fáciles de encontrar
para el FBI. Al mismo tiempo, los medios de comunicación
conscientemente se negaron a difundir información relativa al 11S, que
podría haber socavado la versión oficial, tales como los testimonios de
más de 100 bomberos, periodistas y otros trabajadores que reportaron
haber visto, escuchado o sentido varias explosiones en el World
Trade Center antes del colapso de las torres (lo que sugiere que
explosivos previamente colocados las demolieron) o testimonios
de los residentes en un pueblo de Pensilvania que no vieron ninguna
evidencia de un accidente aéreo en el supuesto lugar del accidente.
Últimamente, millones de estadounidenses están empezando a poner en
duda la versión oficial (sólo el 16% del público considera que el
Gobierno de los EE.UU. dice la verdad sobre el 11S), los medios de
comunicación iniciaron una campaña para denigrar y ridiculizar a través
de ataques "ad hominem" (ataques personales por medio de la ridiculización de los argumentos), a quienes expresan dudas acerca de la versión
oficial. Esta campaña refleja los desesperados esfuerzos por contener
la proliferación de los hechos a través de Internet, lo que apunta a la
complicidad oficial en el crimen. Exigir toda la verdad sobre los
acontecimientos del 11S, hace más fácil exponer el papel que desempeñan
los medios de comunicación en el mundo de hoy, como compañeros
serviciales de la élite gobernante. Exigir la verdad sobre los ataques puede
servir como un poderoso antídoto contra la manipulación de los medios
de comunicación.
6. La sexta razón es que la versión oficial ha sido
una de las principales justificaciones para las restricciones de los
derechos humanos y el aumento de los poderes de la policía para
rayar los métodos de un estado policial. Algunos afirman que
oponerse a estas medidas no es necesario para saber quien realmente
cometió el asesinato en masa. Por otra parte, si se acepta
la versión oficial y la ideología del aumento del
terrorismo fundamentalista islámico, uno debe aceptar al menos alguna
justificación de estas medidas. Sin embargo, si se puede demostrar que
la versión oficial y el terrorismo islámico son
fraudulentos, se hace mucho más fácil exponer no sólo las violaciones de los
derechos humanos y derechos constitucionales como violaciones injustificadas,
sino que exigen la anulación total de estas medidas.
7. La séptima razón es que los acontecimientos del 11S han ayudado a
los gobiernos a aumentar su nivel de secretismo y reducir así su
obligación de rendir cuentas. Esta tendencia no es nueva pero reduce
aún más los actuales vestigios de la democracia. Exigiendo toda la
verdad sobre los atentados, el fracaso de la democracia
puede ser más evidente. La búsqueda de la verdad sobre los ataques terroristas puede
conducir a la búsqueda de responsabilidades en relación a otras
cuestiones y puede ayudar a recuperar los derechos democráticos. Los que
apoyan la democracia, es decir, la norma para el pueblo, del pueblo,
encontrarán que exigir la verdad sobre los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 ayudaría a restaurar
la pérdida de algunos de los valores de la democracia.
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