EL PRESUPUESTO DEL PENTÁGONO: EL MÁS GRANDE DE LA HISTORIA Y CRECIENDO

por Sara Flounders, para Global Research, 19/11/2009

traducido por Martín A. para Investigar11S y Más allá de la traición

 

El 28 de octubre, Barack Obama firmó la Ley de Autorización del Presupuesto de Defensa para el año 2010, el presupuesto militar más grande de la historia de los EE.UU.

No és únicamente el presupuesto más grande del mundo, sino que es más grande que el del resto de los países del mundo juntos. Y está creciendo sin parar. El presupuesto militar para el 2010 – que ni siquiera cubre muchos gastos relacionados con lo militar – se presenta como de 680.000 millones de dólares. En 2009 fue de 651.000 y en el 2000 fue de 280.000 millones. Ha pasado a ser de más del doble en 10 años.

¡Que contraste con el asunto de la Asistencia Sanitaria!

El congreso americano ha estado debatiendo un plan básico de Asistencia Sanitaria - que de alguna manera tienen los otros países industrializados – durante más de 6 meses. Ha habido una intensa campaña de los lobbys de las compañías aseguradoras, amenazas de la derecha y serias amenazas de que un plan de asistencia sanitaria no debe añadir un centavo al déficit.

Sin embargo, en medio de este debate a vida o muerte sobre el cuidado médico de la clase trabajadora y de la clase pobre que no tiene cobertura sanitaria, una subvención pantagruélica para las más grandes corporaciones de contratos militares y sistemas de armamento – verdadera creadora de déficit – se aprueba sin apenas debate ni artículo de prensa.

Médicos por un Programa Nacional de Salud estima que un plan de salud de una única cuota para todos e integral (tipo seguridad social española) costaría 350.000 millones de dólares anuales, que sería la cantidad ahorrada a través de la eliminación de todos los costes administrativos del actual sistema de salud privado – un sistema que deja fuera a casi 50 millones de personas.

Comparemos esto con el coste que excede cada año el presupuesto militar. Incluso Obama dijo en relación con la aprobación del presupuesto, “El Departamento de Cuentas del Gobierno, el GAO, ha revisado 96 proyectos militares importantes del año pasado y ha encontrado que el coste excede en 296.000 millones”.

El gran fraude de Harry Madoff, presuntamente el mayor timo de la historia, palidece en comparación. ¿Por qué no hay una investigación criminal sobre este robo de miles de millones?¿Dónde están las audiencias en el Congreso o la histeria de los medios de comunicación sobre el excedente en el coste de 296.000 millones?¿Por qué los directores generales de las empresas no son llevados esposados ante los tribunales?

Los excedentes de coste son una parte integral de la subvención militar a las más grandes corporaciones. Se les trata como negocios, como algo normal. Independientemente del partido en el poder, el presupuesto del Pentágono crece, el excedente del coste crece y la proporción del gasto interno disminuye.

Adictos a la guerra

El presupuesto militar más reciente es sólo un ejemplo de cómo la economía americana se mantiene a flote por medios artificiales. Las décadas en las que se ha revivido la economía capitalista por medio del estímulo del gasto militar han creado una adicción al militarismo del que las corporaciones americanas no pueden prescindir. Sin embargo, ya no es lo suficientemente grande como para resolver el problema capitalista de la sobreproducción.

La justificación que se dio para este milmillonario estímulo fue la de que ayudaría a amortiguar o a evitar totalmente la recesión capitalista y que podría frenar el desempleo. Pero como advertía en 1980 el fundador del Partido de los Trabajadores del Mundo, Sam Marcy, en “Generales sobre la Casa Blanca”, por encima de un prolongado periodo se necesita más y más de este estímulo. Finalmente se vuelve contrario y se convierte en un masivo depresivo que enferma y pudre toda la sociedad.

La raíz del problema está en que en la medida que la tecnología se hace más productiva, los trabajadores obtienen una menor parte de lo que producen. La economía americana es cada vez más dependiente de los estimulantes superbeneficios, a la vez que los milmillonarios excedentes del coste militar absorben cada vez una mayor parte de lo que se produce. Esta es una parte esencial de la constante redistribución de la riqueza que se aleja de la clase trabajadora yendo a parar a los bolsillos de los súper-ricos.

Según el Centro para el Control de Armas y No Proliferación, el gasto militar de los EE.UU. es ahora mucho mayor, ajustando el dólar de acuerdo con la inflacción en 2009, de lo que fue durante el punto álgido de la guerra de Korea (1952: 604.000 millones), la guerra de Vietnam (1968: 513.000 millones) o el desarrollo militar de la era de los 80 de Reagan (1985: 556.000 millones). Sin embargo ya no es suficiente para mantener a flote la economía americana.

Incluso el forzar a los países ricos productores de petróleo que dependen de los EE.UU. a convertirse en naciones deudoras debido a interminables adquisiciones de armas no puede solucionar el problema. Más de dos tercios de todas las armas que se vendieron en el mundo en 2008 provenían de compañías militares americanas. (Reuters, 6 de septiembre)

Aunque un inmenso programa militar fue capaz de impulsar la economía fuera de un colapso devastador en los años 30, durante un largo periodo este estímulo artificial daña los procesos capitalistas.

El economista Seymour Melman, en libros como “El capitalismo del Pentágono”, “Beneficios sin producción” y “La permanente economía de guerra: El capitalismo americano en declive”, advertían del deterioro de la economía americana y de los estándares de vida de millones de personas.

Melman y otros economistas progresistas discutían sobre una “conversión económica” racional o la trancisión de la producción militar a la civil llevada a cabo por la industria militar. Explicaban como un bombardero B-1 o un submarino Trident podían pagar los salarios de miles de profesores, proveer de escolarización, ofrecer cuidado diario o construir carreteras. Tablas y gráficos mostraban como el presupuesto militar emplea muchos menos trabajadores que los mismos fondos empleados en necesidades civiles.

Todas éstas eran buenas y razonables ideas, excepto que el capitalismo no es racional. En su insaciable instinto de maximizar los beneficios siempre elegirá los superbeneficios inmediatos frente a los mejores intereses para su propia supervivencia a largo plazo.

No hay “Dividendos de la Paz”

Las grandes expectactivas tras el final de la guerra fría y el colapso de la Unión Soviética, de que miles de millones de dólares podrían dirigirse hacia un “dividendo de la paz” chocó contra el crecimiento astronómico continuo del presupuesto del Pentágono. La triste realidad así, ha desmoralizado y desbordado a los economistas progresistas, ya que hoy en día casi no se le ha prestado ninguna atención a la conversión económica o al rol del militarismo en la economía capitalista, aunque sea ahora mucho más grande que en los mayores niveles de la guerra fría.

La subvención milmillonaria anual en la que los economistas burgueses han confiado para preparar el bombeo y comenzar de nuevo el ciclo de expansión capitalista ya no es suficiente.

Una vez las corporaciones se hicieron dependientes de ayudas multimillonarias, su apetito se hizo insaciable. En 2009, en un esfuerzo de evitar el colapso de la economía capitalista global, más de 700.000 millones les fue entregado a los bancos más grandes. Y eso no fue más que el comienzo. El paquete de ayudas a los bancos ahora es de billones de dólares.

Incluso 600-700.000 millones al año en gasto militar ya no pueden reiniciar la economía capitalista o generar prosperidad. Sin embargo, la América corporativa no puede pasar sin él.

El presupuesto militar ha crecido tanto que ahora amenaza con desbordar y devorar todo el gasto social. Exprime con todo su peso la financiación de cada necesidad humana. Las ciudades americanas están colapsando. La infraestructura de puentes, carreteras, presas, canales y túneles se está desintegrando. El 25% del agua potable se considera de baja calidad. El desempleo está alcanzando oficialmente el 10% cuando en realidad es el doble. El desempleo entre la juventud negra y latina es mayor del 50%. 14 millones de niños en los EE.UU. viven en residencias por debajo del umbral de la pobreza.

La mitad de los gastos militares se ocultan

El presupuesto militar anunciado de 680.000 millones es realmente solo la mitad del coste anual de los gastos del ejército americano.

Estos gastos son tan grandes que hay un esfuerzo concertado para ocultar muchos otros de carácter militar dentro de otras partidas presupuestarias. El análisis anual de la War Resisters League presentó la lista real del gasto militar del 2009 en 1,449 billones, cuando el presupuesto es de 651.000 millones oficialmente. Wikipedia, citando diferentes fuentes propone un presupuesto de 1,144 billones. Independientemente de quién cuente, está fuera de toda duda que éste supera el billón anual.

El Proyecto de Prioridades Nacionales, el Centro para la Información de Defensa y el Centro para el Control de Armas y No Proliferación analizan y revelan muchos gastos militares ocultos metidos en otras partes del presupuesto general americano.

Por ejemplo, los 91.000 millones en subsidios a veteranos no están incluídos en el presupuesto del Pentágono. Pensiones del ejército que ascienden a 48.000 millones se meten en el presupuesto del Departamento del Tesoro. El Departamento de la Energía esconde 18.000 millones en programas de armas nucleares en su presupuesto. Los 38.000 para financiar la venta de armas están incluídos en el del Departamento de Estado. Uno de los más grandes escondidos es el interés de la deuda adquirida en guerras del pasado, que ascienden a cantidades entre los 237.000 y 390.000 millones. Esto realmente es una subvención interminable para los bancos, que están íntimamente ligados a la industria bélica.

Se espera que cada parte de estos hinchados presupuestos crezca del orden del 5 y el 10% al año, mientras la financiación federal de los estados y ciudades se reduce en torno al 10 y el 15% anualmente, llevando a crisis deficitarias.

Según el Departamento de Gestión y Presupuesto, el 55% del presupuesto total del 2010 irá a parar a manos del ejército. ¡Esto es más de la mitad! Mientras tanto, las ayudas federales a estados y ciudades para servicios humanos vitales como escuelas, capacitación docente, programas de asistencia a domicilio, almuerzos escolares, mantenimiento de infraestructuras básicas de agua potable, tratamiento de aguas residuales, puentes, túneles y carreteras etc. se están reduciendo.

El militarismo engendra represión

El aspecto más peligroso del crecimiento del ejército es la insidiosa penetración de su influencia política en todas las áreas de la sociedad. Es la institución más alejada del control popular y la más dirigida a la aventura militar y la represión. Generales jubilados rotan en las salas de juntas corporativas y se convierten en cabezas parlantes de los principales medios de comunicación, muy bien remunerados lobbyistas, consultores y políticos.

No es una coincidencia que junto con la mayor maquinaria bélica, EE.UU. tenga la mayor población penitenciaria. El complejo industrial penitenciario es la única industria en crecimiento. Según la Oficina de Estadísticas del Departamento de Justicia, más de 7,3 millones de adultos estuvieron en libertad condicional o fueron encarcelados en 2007. Más del 70% de los encarcelados son negros, latinos, indios u otra gente de color. Los adultos negros tienen cuatro veces más posibilidades que los blancos de ser encarcelados.

Al igual que con el ejército, con sus cientos de miles de contratistas y mercenarios, el camino de maximizar los beneficios ha llevado a la privatización del sistema de prisiones.

El número de prisioneros ha crecido implacablemente. Hay 2,5 veces más gente en prisión que hace 25 años. En la medida que el sistema capitalista americado se ve cada vez menos capaz de producir empleos, formación profesional o educación, las únicas soluciones ofrecidas son las cárceles o el ejército, causando estragos en los individuos, familias y comunidades.

El peso del ejército empuja al aparato represivo del Estado en todas y cada una de las partes de la sociedad. Hay un enorme crecimiento de policía de toda clase e incontables agencias policiales y de inteligencia.

El presupuesto para las 16 agencias de espionaje alcanzó los 49.800 millones de dólares el año fiscal 2009; el 80% de estas agencias secretas son brazos del Pentágono. (Associated Press, 30 de octubre) En 1998 este gasto fue de 26.700 millones. Sin embargo estas agencias súper secretas no están incluidas en el presupuesto militar. Tampoco lo están las represivas agencias de inmigración y control de fronteras.

La fuerzas armadas de los EE.UU. Se encuentran estacionadas en más de 820 instalaciones militares por todo el mundo. En esta cuenta no se incluyen cientos de bases arrendadas, puertos secretos de escucha y muchos cientos de submarinos y barcos.

Pero cuanto más crece la maquinaria bélica, menos se puede controlar su mundo imperial porque no ofrece soluciones ni mejoras a los estándares de vida. La armas de alta tecnología del Pentágono son capaces de leer una placa de matrícula desde un satélite de vigilancia; sus gafas de visión nocturna pueden penetrar la oscuridad; y sus drones (aviones teledirigidos) son capaces de incinerar aldeas aisladas. Por el contrario, no son capaces de proveer de agua potable, escuelas o estabilidad a las naciones atacadas.

A pesar de todas las fantásticas armas del Pentágono, la posición geopolítica americana decae año tras año. Independientemente de su masiva capacidad para abrir fuego y su armamento último modelo, el imperialismo americano ha sido incapaz de reconquistar los mercados mundiales y posición de su capital financiero. Su economía y sus industrias se han visto arrastradas hasta el fondo por el peso que supone mantener su maquinaria bélica. Y en la medida en que lo han demostrado las resistencias de Irak y Afganistán, esa maquinaria no es capaz de ajustarse a la determinación de la gente a controlar su propio futuro.

En la medida en que la economía capitalista americana es cada vez menos de capaz de ofrecer algo a la clase trabajadora aquí en los EE.UU., ese nivel de decidida resistencia es seguro que también sentará raíces aquí.

 

Sara Flounders es una contribuyente asidua de Global Research

The Pentagon budget: Largest ever and Growing, by Sara Flounders

 

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