La traición de Nixon

Por Robert Parry

Artículo original http://www.consortiumnews.com/2008/120508.html

traducido por martin@11-septiembre-2001.biz

Con la escucha de las reciéntemente publicadas cintas de audio del Presidente de los EE .UU. Lyndon Johnson, los medios de comunicación se han tropezado con uno de los inmencionables capítulos de la historia reciente de América, Richard Nixon y el sabotaje de las conversaciones de paz de París en 1968.

La historia es tan poco conocida que, incluso cuando la Associated Press señaló en su artículo que Johnson expresó en privado su furia sobre lo que consideraba "traición", hubo poco contexto y ninguna mención a la cantidad de pruebas que respaldaban las sospechas de Johnson.

El artículo de Asociated Press, que apareció en los periódicos de todo el país, decía que Johnson - en una llamada telefónica grabada, hecha pública por la biblioteca presidencial - "estridentemente sugería que los asociados de Richard Nixon estaban tratando de mantener Vietnam del Sur fuera de la mesa (de negociación) hasta después de las elecciones de 1968 ".

En dicha llamada al líder republicano del Senado, Everett Dirksen, Johnson dijo: "Esto es traición".

Johnson agregó, "Si Nixon mantiene a los vietnamitas del sur fuera de la conferencia (de paz), va a ser su responsabilidad".

Sin embargo, la Asociated Press añadió en su artículo: "El Presidente demócrata nunca acusó a los republicanos que le sucederían de traición".

Para suavizar más una condena a Nixon, la historia narra otra llamada telefónica registrada en noviembre en 1968 en la que Nixon trató de disipar las sospechas de Johnson diciéndole al Presidente, "Tenemos que tenerlos en París o no podemos tener paz ".

De acuerdo con la forma en que los principales grupos de prensa de los EE .UU. han tratado esta controversia durante décadas, la Asociated Press en su artículo pasa por alto el importante número de evidencias de que Nixon y su campaña presidencial sabotearon las conversaciones de paz, por miedo a que un acuerdo de última hora hubiera herido a Nixon y hubiese ayudado a su rival, el Vice Presidente Hubert Humphrey.

Según esas pruebas, la campaña de Nixon contrarrestó la iniciativa de paz de Johnson mediante el envío de Anna Chennault, una anticomunista del líder chino, para llevar mensajes al gobierno vietnamita del sur de Nguyen van Thieu. Los mensajes de Chennault a Thieu le advertían de que una presidencia de Nixon le daría un resultado más favorable del que obtendría de Johnson.

La periodista Seymour Hersh describe la iniciativa a grandes rasgos en su biografía de Henry Kissinger de 1983, "El precio del poder". Hersh informó de que las agencias de inteligencia de los EE.UU. sabían que Chennault era la intermediaria entre Nixon y su gente y el Presidente Thieu en Saigon. ... La idea era paralizar las cosas en París y evitar cualquier muestra progreso".

"En nombre del señor Nixon"

En su propia autobiografía, "La educación de Anna", Chennault reconoció que ella era la mensajera. Cita al ayudante de Nixon, John Mitchell llamándola pocos días antes de las elecciones de 1968 y diciéndole: "Estoy hablando en nombre del señor Nixon. Es muy importante que nuestros amigos vietnamitas entiendan nuestra posición republicana, y espero que usted se lo ponga claro".

En 1995, el periodista Daniel Schorr descubrió más pruebas, cables decodificados por la inteligencia que EE.UU. había interceptado de la embajada sur vietnamita en Washington. Según esa información:

El 23 de octubre de 1968, el Embajador Bui Dhien envió un cable a Saigón con el mensaje de que "muchos amigos republicanos se han puesto en contacto conmigo y me animan a mantenerme firme." El 27 de octubre, escribió: "Cuanto más larga sea la situación actual, más favorable para nosotros. ... Estoy regularmente en contacto con el entorno de Nixon. "

El 2 de noviembre, Thieu se retiró de su intento de acuerdo para sentarse con el Vietcong en las conversaciones de paz de París, destruyendo la última esperanza de Johnson para una solución. Aunque Johnson y sus principales asesores sabían de la estratagema de Nixon, lo mantuvieron en secreto de la opinión pública.

Anthony Summers en su libro del 2000, "La arrogancia del poder", proveyó de la más completa narración de la iniciativa Chennault, incluido el debate en los círculos demócratas acerca de qué hacer con las pruebas.

Ambos Johnson y Humphrey creían que la información - en caso de hacerla llegar a la opinión pública - podía asegurar la derrota de Nixon.

"Al final, sin embargo, los asesores de Johnson decidieron que ya era demasiado tarde y potencialmente demasiado perjudicial para los intereses EE.UU. descubrir lo que había estado ocurriendo", escribió Summers. "Si Nixon surgiera como el vencedor,¿qué haría el ultraje de Chennault a su viabilidad como Presidente? ¿Y qué efecto tendría en la opinión americana sobre la guerra? "

Summers citó al asistente de Johnson, Harry McPherson, quien dijo, "Usted no puede sacrlo a la luz. El país estaría en problemas terribles ".

Aflora tardíamente

En la práctica - incluso sin la revelación de Nixon de la aparente traición - su afloración tardía puso a Humphrey al borde de la victoria. Nixon se aferró a la victoria por sólo 500.000 votos, o menos del uno por ciento de los votos emitidos. Johnson y Humphrey entraron en su retiro manteniendo su silencio.

El papel directo EE.UU. en la guerra de Vietnam seguirría durante más de cuatro años durante los cuales América engrosaría su lista de bajas con 20.763 muertos y 111.230 heridos. Mientras tanto, la amargura de la guerra dividió profundamente al país, en muchos casos, enfrentando a niños contra sus padres.

Las recientemente hechas públicas cintas de audio y las quejas de "traición" de Johnson, reflejan el extraordinario riesgo de un acuerdo de paz en Vietmam en 1968. Pero incluso 40 años más tarde, los principales medios de prensa de EE .UU. no son capaces de dejar que el pueblo americano tenga acceso pleno al horror de esta historia.

Por lo tanto, la Associated Press insiste en que la referencia a la "traición" debe aplicarse a los demás y no a Nixon. Y las promesas de Nixon a Johnson - de que nada oscuro estaba ocurriendo - deben considerarse de pleno valor, aunque las pruebas indiquen lo contrario.

El tratamiento falto de evidencias que los principales medios de comunicación dieron a la estratagema de paz de Nixon también establecieron el estándar de la forma en que otros escándalos republicanos sobre seguridad nacional serían manejados en las últimas décadas.

Por ejemplo, las pruebas de un aparente secuela - la campaña Reagan-Bush para socavar al Presidente Jimmy Carter en las conversaciones sobre los rehenes en Irán en 1980 - también fueron barridas bajo la alfombra, supuestamente por el bien del país. Similar tratamiento recibieron el affair Irán-Contra, el escándalo Iraqgate y el Contra-Tráfico de cocaína. [Para más detalles, véase Robert Parry, Lost History and Secrecy & Privilege.]

Si bien la prensa de EE.UU. ha demostrado ser capaz de manejar ciertos tipos de escándalos (el Watergate de Nixon, los abusos sexuales de Bill Clinton), que ha decaído en su tarea de hacer frente a los abusos que implican la intersección de la seguridad nacional y la política.

Es como si se supusiera que al pueblo americano no se le debe dar información significativa acerca de cómo este tipo de escándalos se producen. Tal vez las instituciones de Washington teman que demasiado conocimiento acerca de tales parodias de la democracia sean una cosa peligrosa.

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