Los esfuerzos de EE.UU. de hacer las paces resumidos por..."petróleo"

por Lara Marlow

Irish Times, 19 de noviembre de 2001

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ANÁLISIS: El destino de John O'Neill, el agente americano-irlandés del FBI que durante años llevó las investigaciones sobre la red Al Qaeda de Osama Bin Laden, es la más escalofriante revelación del libro "Bin Laden: La Verdad Oculta", publicado en París esta semana.

O'Neill investigó los atentados del World Trade Center en 1993, una base estadounidense en Arabia Saudita en 1996, las embajadas estadounidenses en Nairobi y Dar-Es-Salaam en 1998, y el USS Cole el año pasado.

Jean Charles Brisard, quien escribió un informe sobre las finanzas de Bin Laden para la agencia de inteligencia francesa DST y que es coautor de La Verdad Oculta, se reunió con O'Neill varias veces el último verano. O'Neill se quejaba amargamente de que el Departamento de Estado estadounidense - y detrás de él el lobby del petróleo, el cuál forma la comitiva del Presidente Bush - bloqueó los intentos de probar la culpabilidad de Bin Laden.

La embajadora estadounidense para Yemen, la Sra. Barbara Bodine, prohibió a O'Neill y a su equipo de los llamados Rambos (como las autoridades yemeníes los llamaban) entrar en Yemen. En agosto de 2001, O'Neill renunció por su frustración y asumió un nuevo cargo como jefe de seguridad en el World Trade Center. Murió el 11 de septiembre en los ataques.

Brisard y su coautor Guillaume Dasquié, editor de Intelligence Online, dicen que su libro es un tributo a O'Neill. El agente del FBI le había dicho a Brisard: "Todas las respuestas, todo lo que se necesita para desmantelar la organización de Osama Bin Laden, se encuentra en Arabia Saudita".

Sin embargo los diplomáticos americanos se reprimieron de ofender a la familia real saudí. O'Neill fue a Arabia Saudita después de que 19 militares estadounidenses murieran en el atentado contra una instalación militar en Dhahran en junio de 1996. Los oficiales saudíes interrogaron a los sospechosos, les declararon culpables y les ajusticiaron - sin dejar al FBI hablar con ellos. " se vieron reducidos al papel de científicos forenses, recogiendo pruebas materiales en el lugar del atentado," según Brisard.

O'Neill dijo que había pruebas en Yemen de la culpabilidad de Bin Laden en el bombardeo del USS Cole (en el cuál murieron 17 militares estadounidenses), pero que el Departamento de Estado le impidió obtenerlas ".

Brisard y Dasquié descubrieron que el primer país en emitir una orden de arresto internacional contra Bin Laden no fue Estados Unidos, sino la Libia de Muammar el-Gadaffi, en marzo de 1998. El parte confidencial, publicado por primera vez en su libro, fue enviado por el Ministerio del Interior libio a la Interpol el 16 de marzo de 1998, y acusaba a Bin Laden del asesinato de dos agentes alemanes de inteligencia, Silvan Becker y su esposa, en Libia en 1994.

Bin Laden apoyaba a un grupo fundamentalista llamado al-Muqatila, formado por libios que habían luchado junto a él contra los soviéticos en Afganistán.

Al-Muqatila quiso asesinar a Gadaffi, a quién consideraba un infiel. Según el ex agente del MI5 David Shayler, la inteligencia británica - también se asoció con al-Muqatila - que intentó asesinar a Gadaffi en noviembre de 1996.

Fue debido a la colaboración británica con al-Muqatila que la orden de detención de la Interpol fue ignorada, según Brisard. Desde el 11 de septiembre, al-Muqatila ha estado en la lista del Presidente Bush de "grupos terroristas".

La tesis central del libro de Brisard y Dasquié va sin duda a formar parte de los anales de las teorías de la conspiración de siglo 21. Los escritores documentan negociaciones entre la administración del Presidente Bush y los talibanes entre febrero y agosto de este año.

Menos convincentemente, suponen que los ataques suicidas del 11 de septiembre fueron el resultado del fracaso de esas negociaciones.

La motivación principal detrás de los intentos de EE.UU. de hacer las paces con los talibanes puede ser resumida en una palabra: petróleo. Las anteriores repúblicas soviéticas de Asia Central - Turkmenistan, Uzbekistan y especialmente "el nuevo Kuwait", Kazakhstan - tienen vastas reservas de petróleo y gas. Pero Rusia se ha negado a dejar a Estados Unidos extraerlo por oleoductos rusos e Irán es considerado una ruta peligrosa. Eso deja Afganistán.

La compañía estadounidense CHEVRON - donde la Consejera para la Seguridad Nacional del Presidente Bush Condoleeza Rice fue directora a lo largo de los 90 - está profundamente inmersa en Kazakhstan. En 1995, otra compañía estadounidense, Unocal (anteriormente Union Oil Company of California) firmó un contrato por valor de 8.000 millones de dólares para la exportación de gas natural por una tubería de 3.000 milones de dólares que iría a través de Afganistán desde Turkmenistan a Pakistán.

Los autores recuerdan cómo el Departamento de Estado aplaudió la toma del poder de los Talibán en septiembre de 1996, cinco meses después de que el subsecretario de estado estadounidense advirtiera de que "se perderían oportunidades económicas" si la estabilidad política no fuese restaurada en Afganistán.

Laila Helms, la sobrina en parte afgana del ex director de la CIA y anterior embajador estadounidense para Teherán Richard Helms, es descrita como la Mata-Hari de las negociaciones US-TALIBAN.

La señora Helms trajo a Sayed Rahmatullah Hashimi, asesor del Mullah Omar, a Washington cinco días en marzo del 2001 - después de que los talibanes hubieran destruido los antiguos Budas de Bamiyan. Hashimi se reunió con la dirección de la Central de Inteligencia de la CIA e Investigación del Departamento de Estado.

En negociaciones que continuaron hasta julio, Estados Unidos luego tomó una posición más discreta, dejando al comisionado de la ONU Francesc Vendrell que hiciera la mayor parte del trabajo nombrando a un ex embajador estadounidense en Pakistán, Thomas Simons, para que representara a los Estados Unidos en las reuniones informales de Berlín.

El último contacto estadounidense directo con los talibanes fue el 2 de agosto de 2001, cuando Christina Rocca, la directora de asuntos asiáticos en el Departamento de Estado, se reunió con el embajador Talibán en Islamabad. La Señora Rocca se había encargado previamente de los contactos con grupos de la guerrilla islamista en la CIA, donde en los 80, supervisó la entrega de misiles Stinger para los mujahidin afganos.

En febrero pasado, los talibanes habían indicado que podrían estar dispuestos a entregar a Bin Laden, pero por junio, según Brisard y Dasquié, Estados Unidos comenzó a considerar la acción militar. "EE.UU. pensó que podía desacoplar ' a Osama Bin Laden de los talibanes," según Brisard. "Lo que no comprendíeron era que sin Bin Laden, el régimen Talibán no habría existido".

Enviando a Francesc Vendrell para ver al King Zaher Shah exiliado en Roma y aumentando la amenaza de una acción militar, Washington "arrinconó a los talibanes", según los autores. Pues los Talibán - asumiendo su liderazgo tenían conocimiento previo de los ataques suicida - el 11 de septiembre fue un tipo de ataque preventivo.

Brisard y Dasquié afirman que una parte significativa de la familia real saudí ayuda a Bin Laden. "Arabia Saudita siempre ha protegido a Bin Laden - o se ha protegido a sí misma de él," dice Brisard. Señala que los ataques dentro del reino apuntaron a intereses americanos, nunca saudíes.

Khalid Bin Mahfouz es el ex presidente del banco más grande del reino, el Banco Comercial Nacional, quién, con 10 familiares obtuvo la nacionalidad irlandesa en diciembre de 1990. Brisard y Dasquié le llaman "el banquero del terror".

El Mahfouz de 73 años de edad está ahora bajo arresto domiciliario en una casa en el centro vacacional saudí de Taif, acusado por el FBI y la CIA de haber desviado 2.000 millones de dólares a organizaciones benéficas islámicas que ayudaron a Bin Laden.

Online Journal: Big Oil, the United States and corruption in Kazakhstan.pdf

 

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