9/11 Commission Report - Informe de la Comisión del 11S
Un misterio sin resolver: el asesinato masivo del 11S

por Elias Davidsson
traducido por Martín, con la autorización del autor
artículo original "An unresolved mystery: The mass murder of 9/11"
El
22 de julio de 2004, la Comisión Nacional para los Ataques Terroristas
en los Estados Unidos (un órgano bipartidista del Congreso) publicó su
informe final sobre los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001.
Este documento de más de 500 páginas se publicó en Internet. Se ha
presentado como "la conclusión unánime de los miembros de la Comisión
sobre lo que sucedió ese día y sobre las razones del fracaso para
evitar los ataques. La Comisión exonera a los funcionarios públicos de
América de cualquier culpa por ese incumplimiento, que según su
presidente, Thomas H. Kean, resultaron de los fracasos de la política,
gestión, capacidad y, sobre todo, un fracaso de imaginación".
Sin embargo, la Comisión ha hecho esmeradamente caso omiso de una gran
cantidad de pruebas, testimonios, contradicciones, anomalías y
preguntas, a las que ambos, investigadores independientes y familias de
las víctimas se han referido. La Comisión dejó grandes áreas de la
investigación envueltas en el misterio.
El número de anomalías que han sido reportadas por investigadores
independientes en relación con el 11S es asombrosa. Una simple búsqueda
en Google con la cadena "preguntas sin respuesta del 11S" produce más
de 20.000 sitios. Estos se extienden desde las presuntas razones por
las que se derrumbaron las dos torres del World Trade Center y el
colapso del menos conocido WTC-7 (que no fue impactado por un avión),
la imposibilidad de que un avión de pasajeros golpeara el Pentágono y
desapareciera sin dejar rastro, el presunto derribo del UA 93 en
Pensilvania, la falta de los restos de los aviones que se estrellaron,
la eliminación y destrucción de pruebas forenses, la conducta relajada
de los distintos dirigentes en el día fatídico, las proféticas
observaciones formuladas por dirigentes de EE.UU., y así sucesivamente.
Muchas, aunque no todas, de estas anomalías se analizan en el libro del
profesor David Ray Griffin El Nuevo Pearl Harbor, publicado a
principios de este año. En este artículo, nos concentraremos en una
sola anomalía, es decir, las listas de pasajeros de los cuatro aviones
sentenciados.
La primera pregunta a la que se enfrenta cualquier investigador de un
crimen es: Quién cometió el crimen y la forma en que fue cometido.
Estas preguntas normalmente precederían a los esfuerzos de descubrir
los motivos de los autores, examinando la preparación del delito, la
identificación de los cómplices y desarrollando medios para evitar
crímenes similares en el futuro. Sin embargo, las autoridades de los
EE.UU. no procedieron de esta manera probada con el tiempo. No
iniciaron en absoluto ninguna investigación oficial y se resistieron
incluso a demandar una investigación del Congreso de estos
acontecimientos. No se llevó a cabo una investigación oficial sobre las
causas de los accidentes aéreos, realizadas rutinariamente en los
Estados Unidos sobre todos los tipos de accidentes, incluidos los casos
en que se sospecha de una conducta criminal. No se llevó a cabo una
investigación oficial sobre las causas de los colapsos de las torres
del World Trade Center, como es la rutina en los casos de daños
provocados por incendios. El fracaso para llevar a cabo una
investigación criminal de un asesinato en masa no tiene precedentes en
la historia de los EE.UU. Hasta el día de hoy ninguna prueba
satisfactoria ha sido presentada por las autoridades de los EE.UU. con
respecto a la identidad de los autores y sobre los medios para
perpetrar el asesinato masivo. Todo lo que ha sido presentado
públicamente son argumentaciones basadas en pruebas sin revelar e
incomprobables.
Para un investigador de un accidente aéreo provocado, la primera fuente
de investigación sería estudiar la lista de pasajeros (o manifiesto de
vuelo). En base a dicha lista, una investigación más a fondo se hace
posible, por ejemplo, rastrear las direcciones de los pasajeros,
contactar con sus familias, localizazar sus pagos con tarjeta de
crédito, etc. Poco después del 11S, los medios de comunicación
comenzaron a publicar listas de los pasajeros de los cuatro aviones
estrellados. Al menos cuatro variaciones de una de esas listas (los
pasajeros del vuelo AA 11) han sido identificados por Gerard Holmgren
(véase http://portland.indymedia.org/en/2004/05/288505.shtml), cada una
con diferentes números de pasajeros y parte de los nombres diferentes.
Ninguna explicación oficial fue proporcionada por estas variaciones.
Ninguna de estas listas publicadas incluyen nombres árabes. Sin
embargo, el FBI y las compañías aéreas hasta el día de hoy se han
negado a publicar las listas de pasajeros originales, que presuntamente
eran la fuente de estas múltiples listas publicadas por los medios de
comunicación, así como la fuente de sus propias afirmaciones de las
identidades de los secuestradores. Un funcionario de prensa del FBI,
que se negó a identificarse, dijo al autor en una conversación
telefónica el 23 de julio de 2004 que el FBI no está obligado a
publicar las listas de pasajeros ni a explicar por qué el FBI no lo
haría. A pesar de la importancia probatoria de las listas originales de
pasajeros, la Comisión de Investigación ni ha publicado estas listas,
ni ha indicado por qué no se han publicado. La fuente principal para la
atribución de las atrocidades del 11S a las personas con nombres de
aspecto árabe, por lo tanto, ha permanecido en secreto.
Han surgido más preguntas sobre el número y la identidad de los
presuntos secuestradores. El 13 de septiembre de 2001, el director del
FBI, Robert Mueller según informó la prensa, dijo que "18
secuestradores iban en los cuatro aviones". Sin embargo, pocos días
después el número aumentó a 19. Si las listas de pasajeros habían sido
la fuente de la declaración anterior, ¿cómo podría aumentar el número
de repente en base a las mismas listas? ¿Qué persona se añadió a la
lista, por quién y por qué? Otra desconcertante pregunta sobre estas
listas es el hecho de que entre cinco y siete de los presuntos
secuestradores se encuentran vivos según informaron los principales
medios de comunicación, incluida la BBC y el New York Times. Esta
evidencia no ha sido negada por el FBI, que manifiesta, sin embargo,
poca inclinación para entrevistar a estos terroristas suicida "vivos" y
a sus familias, y ofrecer una explicación a esta anomalía como causada
por el "robo de identidad" o porque los nombres árabes son propensos a
las faltas de ortografía. Sin embargo, el FBI mantuvo los nombres
originales y las fotografías de los presuntos secuestradores en su web,
incluidas las de aquellos que están vivos actualmente. El 3 de
noviembre de 2001, el director del FBI, Robert Mueller, dijo que "los
investigadores han establecido la verdadera identidad de todos los 19
secuestradores del 11 de septiembre" (Karen Gullo, escritor de AP,
énfasis añadido). Sin embargo, atribuir el asesinato en masa a 19
individuos - que no pueden defenderse - sin demostrar su culpabilidad,
es un caso de gran difamación, así como un intolerable atentado contra
el honor de las familias de estas personas. La propia atribución de los
hechos a árabes, de quienes su identidad ni siquiera se ha demostrado,
representa también una forma de provocación racial.
La importancia de esta cuestión (el manifiesto de vuelo) es muy
superior a lo que parece. La negativa a publicar el manifiesto de vuelo
no se puede explicar por motivos de seguridad. Los nombres de los
pasajeros muertos, se publicaron poco después de los ataques. Los
nombres y fotografías de los presuntos secuestradores aparecen
destacadamente en la web del FBI y se han citado innumerables veces por
los medios de comunicación y en los libros. La reticencia del FBI a la
publicación de estas listas de pasajeros sugiere que simplemente no
incluyen los nombres de los presuntos autores. En caso de que no hayan
aparecido nombres árabes en los manifiestos de vuelo, sugeriría que la
comunidad mundial ha sido despachada con una monumental mentira y que
los autores pueden no ser ni árabes, ni musulmanes. Por lo tanto, es de
vital importancia que estas listas se publiquen y las diversas
anomalías en torno a la identidad de los autores sean aclaradas.
La narración anterior demuestra que, lejos de cerrar la historia del
11S, el informe de la Comisión de Investigación se puede considerar
como prueba de un delito de encubrimiento por parte de los miembros de
dicha Comisión del Congreso. Tal encubrimiento puede tener
consecuencias imprevisibles para el pueblo norteamericano, así como
para la paz mundial. Hago un llamamiento a todos los que inicialmente
sintieron compasión hacia las familias de las víctimas del 11S: Por
favor, no defrauden a estas familias en su búsqueda de la verdad.
Tienen derecho a saber quién cometió los crímenes, quién ayudó en su
planificación y las circunstancias en las que murieron sus seres
queridos. Todos debemos insistir en que toda la verdad, y nada más que
la verdad, sobre el crimen del 11S, sea dada a conocer. La publicación
de los manifiestos de vuelo originales, debidamente autentificados,
sería un elemento en esta búsqueda.
El
editor contribuyente de Global Research, Elias Davidsson, vive en
Reykjavik, Islandia. Es compositor, activista por los derechos humanos
y miembro de la rama islandesa del movimiento por la verdad del 11S.
Global
Research Contributing Editor Elias Davidsson lives in Reykjavik,
Iceland. He is a composer, human rights activist and a member of
the Icelandic chapter of the 911-Truth Movement.
Ir a la web de Elias Davidsson aldeilis.net
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