11S - John O'Neil, otra víctima de la conspiración


11S, ¿Quién lo sabía? ¿Quién se benefia?
 (traducido por martin@11-septiembre-2001.biz)

El artículo original se llama "9/11: Who Knew, Who Benefits?" by Josh Robinson


La especulación en cuanto a qué exactamente condujo al  casi simultáneo secuestro de cuatro aviones comerciales el 11 de septiembre surgió aparentemente antes de que el primer edificio se viniera abajo.

Como suele ser el caso, la mayor parte de esta especulación es infundada. Sin embargo, una teoría ridícula a primera vista, se ha negado a desaparecer: que por lo menos una parte del gobierno de los EE.UU. sabía de los atentados antes de que ocurrieran y éste, les permitió tener lugar. (LIHOP)

¿Por qué haría esto el gobierno? Para obtener una excusa infalible para poner en marcha una guerra larga de objetivos geopolíticos y económicos, dicen los proponentes de esta línea de razonamiento.

Pero antes de descartar esa teoría, uno debe considerar la historia. Hay pruebas de que anteriores administraciones de EE.UU. han llegado tan lejos como para planificar ataques contra estadounidenses con el fin de justificar una larga y deseada guerra. (False flag)

Al menos uno de estos escenarios se documentó con la publicación el 13 de marzo de 1962 de un memorandum del Grupo de Jefes del Estado Mayor, dado a conocer por el Archivo de Información para la Seguridad Nacional de la Universidad George Washington. El memorandum detallaba planes para el uso de acciones clandestinas con el fin de irritar a los americanos y crear así el respaldo para una  invasión de la reciente Cuba comunista. "la intervención militar será la consecuencia de un período de aumento de tensiones entre EE.UU. y Cuba que pondrán a los Estados Unidos en posición de sufrir las quejas", dice la nota. "La opinión mundial, y el foro de las Naciones Unidas deben ser favorablemente afectados por el desarrollo de la imagen internacional del gobierno cubano como " descuidado e irresponsable, y como una alarmante e impredecible amenaza para la paz del Hemisferio Occidental."

La propuesta, denominada Operación Northwoods, incluía decenas de escenarios posibles que podrían justificar un ataque de EE.UU.. El más inquietante consistía en el hundimiento de un barco  de refugiados cubanos o un buque de EE.UU., y culpar del ataque a las fuerzas de Castro. De hecho,  el documento desclasificado menciona específicamente la recreación de la situación en "Remember the Maine", una referencia a la consigna con la que los EE.UU. anunciaron la declaración de guerra a España después de la misteriosa explosión que hundió el USS Maine en La Habana el 15 de febrero de 1898, matando a 266 de los 350 hombres a bordo. En general, ahora se cree que la explosión ocurrió en el interior del buque y que fue accidental.


¿Por qué Afganistán?
 

Parece haber poco motivo para que los EE.UU. deseen la guerra en Afganistán, un empobrecido, casi destruido país, apenas del tamaño de Texas "con poco que decir en cuanto a recursos naturales". Sin embargo, corporaciones con estrechos vínculos con los principales partidos políticos han tenido puestos sus ojos en Afganistán durante años.

Posiblemente las reserva más grandes de petróleo y gas natural de la tierra se encuentran debajo y alrededor del Mar Caspio, la mayoría de las cuales se encuentran en territorio controlado por las exrepúblicas soviéticas de Turkmenistán y Kazajstán. La única cosa que previene de la extracción de este petróleo es la falta de una opción viable de transporte. El Caspio no se conecta a otra masa más grande de agua. Esto significa que deben ser construidos gasoductos para conectar el petróleo al consumidor final, o de un puerto en el que éste se pueda cargar en tanques.

La actual infraestructura en la región data de la época soviética y va hacia el norte adentrándose en territorio ruso. Pero Rusia es una nación exportadora de petróleo, y no es probable ver un aumento en su consumo interno en un futuro próximo.

La región con previsión de mayor crecimiento en el consumo de petróleo en los próximos decenios es Asia oriental. Alimentar ese consumo es de interés primordial para quienes se benefician del actual modelo económico centrado en el petróleo. La tubería requerida para el transporte de petróleo a centros industriales en China, y desde allí a los puertos donde podría ser transportado a otros consumidores regionales, serían de más de 5000 km de largo, una opción muy poco atractiva. Un gasoducto mucho más corto podría ser utilizado para mover el petróleo en el Mar Negro, a partir del cual podría ser transportado a través del estrecho del Bósforo y el Mar Mediterráneo. Aunque conveniente para Europa occidental y los mercados americanos, crearía una ruta mucho más larga de transporte marítimo hacia China y otros puntos del este de Asia.

Dos oleoductos en el Mar Negro se están estudiando, pero incluso si ambas tuberías se construyeran, no tendrían capacidad suficiente para llevar los aproximadamente 4,5 millones de barriles diarios de petróleo que los ejecutivos de las compañías petróleras esperan que se produzcan en la región para el año 2010. Además, estas rutas llevarían el petróleo lejos de los consumidores en la región Asia-Pacífico.

Un recorrido mucho más corto sería la carga del petróleo en tanques en el Golfo Pérsico. La ruta más probable para un gasoducto hacia el Golfo Pérsico cruzaría Irán, lo que conllevaría a la exclusión de la participación de las empresas norteamericanas debido a las sanciones contra el gobierno islamista de Teherán y la oposición de Irán a los intereses políticos y económicos de EE.UU. en la región.

Otra opción sería construir el gasoducto a través de Afganistán y Pakistán. Unocal, una de las compañías más grandes del mundo en cuanto a exploración y producción de petróleo y gas natural se refierere, ha estado en negociaciones sobre un proyecto de este tipo con diversas facciones afganas por años, según testimonio de febrero de 1998 ante el subcomité de la Cámara de Relaciones Internacionales de Asia y el Pacífico. La compañía, situada en California, incluso llegó a invitar a altos funcionarios talibanes a su sede para las negociaciones.
A principios de 1998, un plan muy específico había sido aprobado por Unocal: Una tubería de 1.040 millas de largo y 42 pulgadas de diámetro, transportando un millón de barriles cada día. Dicho proyecto rivalizaría con la tubería Trans-Alaska y costaría 2.500 $ millones. Sin embargo, la inestabilidad y la falta de reconocimiento internacional del régimen de los talibanes presentan obstáculos insuperables al proyecto. El vice presidente de Relaciones Internacionales de Unocal, John J. Maresca, dijo en su explicación al subcomité de la Cámara, "Desde el principio, hemos dejado claro que la construcción del oleoducto que hemos propuesto a través de Afganistán no podía comenzar hasta que un gobierno sea reconocido en el lugar, que tenga la confianza de los gobiernos, los prestamistas, y nuestra empresa ".

Ver el testimono de Maresca en página 13 - Archivo PDF

En la misma sesión, Maresca discutió un segundo gasoducto previsto por CentGas, del Asia Central Gas Pipeline Consortium, en el que Unocal tiene intereses. "Al igual que con la propuesta del oleoducto de Asia Central", dijo, "CentGas no puede comenzar la construcción hasta que un Gobierno de Afganistán internacionalmente reconocido esté en su lugar." Este gasoducto separado, de 48-pulgadas y 790 millas está programado para llevarse a cabo a través de Afganistán y Pakistán, y posiblemente se extendería a Nueva Delhi.

Con la política de EE.UU. encajando tan estrechamente con la de Unocal y otras empresas de energía, no es de extrañar que el único punto de controversia con Unocal girara en torno a las relaciones de la empresa con los talibanes a la luz de las violaciónes de derechos humanos de dicha organización. El punto fue subrayado el 31 de diciembre, cuando Bush designó al ciudadano américano, nacido en Afganistán, y ex asesor de Unocal, Zalmay Khalilzad como enviado especial a los pocas semanas de la instauración del gobierno provisional afgano, encabezado por Hamid Kharzi. Khalilzad, quien proviene de Mazar-e-Sharif, había conducido las negociaciones de Unocal con los talibanes en 1997. Este continuó apoyando públicamente a los talibanes hasta que en 1998 EE.UU. atacara con misiles de crucero los supuestos campos de entrenamiento de Al Qaeda en su país natal.
No debería se una sorpresa para nadie que la administración Bush fuera muy cercana a los intereses petrolíferos americanos.  El Presidente George W. Bush fue director ejecutivo de una empresa petrolera fracasada y ganó casi un millón de dólares con la venta de sus acciones antes de que la compañía se derrumbara. El Vice Presidente Dick Cheney sirvió en el consejo de administración del gigante petrolero Halliburton, inmediatamente antes de presidir la comisión que lo eligió a él mismo compañero de Bush. Dos miembros del consejo de administración de Enron, Robert Zoellick y Lawrence Lindsay, se unieron al gabinete de Bush, mientras que varios miembros veteranos de la administración Bush fueron a trabajar a la compañia energética situada en Houston que quebraría en 2001. Para el ciclo electoral 1999-2000, la industria del petróleo y gas ha dado casi 11,7$ millones al Partido Republicano, casi 8 millones de dólares más de lo que los demócratas recibieron de ellos.

En cualquier caso, con los talibanes fuera del camino, los sueños del gasoducto de Oriente Medio parecen estar a punto de hacerse realidad. Un artículo del 20 de febrero de la edición en línea del Irish Times informa, "El Presidente pakistaní, el general Pervez Musharraf, y el líder provisional de Afganistán, señor Hamid Karzai, acordaron ayer que los dos países deben fomentar relaciones de fraternidad y cooperar "en todas las esferas, incluyendo un proyecto de gasoducto desde Asia Central a Pakistán vía Afganistán".

Evidencia ignorada

Una investigación más cercana de los acontecimientos que condujeron al 11S y de los inmediatamente posteriores proveen de pruebas circunstanciales de que elementos dentro del gobierno de los EE.UU. pueden haber tenido conocimiento previo de los ataques.

Los primeros indicios llegaron ya en 1995, cuando agentes filipinos investigando un incendio en un edificio de apartamentos encontraron una verdadera planta de explosivos operada por hombres de ascendencia de Oriente Medio con documentos de inmigración falsificados. Uno de los hombres resultó ser Ramzi Yousef, quien había detonado una bomba en el sótano del World Trade Center en 1993, matando a seis personas e hiriendo a más de un millar. Dirigidos por el clérigo ciego Sheikh Abdul Rachman, Yousef y sus compañeros habían esperado que la bomba de 1993 fuera lo suficientemente potente como para derribar una torre haciédola caer sobre la otra, matando a decenas de miles de personas.

Aunque Yousef escapó de los filipinos en 1995, la policía detuvo a su compañero, Abdul Hakim Murad, y descubrieron documentos que indicaban sus planes para volar hasta 12 aviones comerciales en ruta a los Estados Unidos, que podrían matar hasta 4000 personas.

Yousef había llevado a cabo una prueba de funcionamiento de este plan en 1994, colocando una bomba debajo de un asiento en un vuelo de Air Filipinas. Mató a un pasajero japonés cuando la bomba explotó cuatro horas después de que Yousef desembarcara.

Yousef, Murad, y un tercer conspirador, Wali Khan Amin Shah, quien enviaba dinero a los terroristas por medio de una cuenta propiedad de un sirio que trabajaba para una organización dirigida por el cuñado de Osama bin Laden, más tarde recibiría sentencia de cadena perpetua en la cárcel federal por la conspiración contra la compañía aérea, pero no antes de que Murad revelara a sus interrogadores filipinos una conspiración con similitudes a los ataques del 11 de septiembre. Los investigadores observaron que había pasado tiempo en los EE.UU. entrenádose como piloto, y extrajeron de él una confesión en la que tenía previsto volar en un avión privado repleto de explosivos contra la sede de la CIA. Asimismo, puso de manifiesto otros objetivos, entre ellos el Pentágono y varios rascacielos sin dar sus nombres, y dijo que la única cosa que impedía la realización del plan era la falta pilotos formados.

Los investigadores también se enteraron de que los terroristas consideraban el atentado de 1993 un fracaso y que 
el World Trade Center seguía siendo un objetivo viable. Y, aunque los filipinos no descubrieron un plan específico para secuestrar aviones comerciales y convertirlos en misiles, supieron que los conspiradores tenían previsto suspender el uso de explosivos debido a su inestabilidad y la facilidad de ser descubiertos.

En un artículo publicado el mes pasado en el Washington Post, uno de los principales investigadores de Filipinas afirma que tanto el FBI y la CIA tenía acceso a la totalidad de las pruebas recogidas. Vicente Cannistraro, el ex jefe de la CIA del centro de la lucha contra el terrorismo, fue citado diciendo, "Hay ciertamente suficientes precedentes que han llevado a analistas a sospechar que los EE.UU. podrían sufrir un ataque interno. No hay ninguna duda sobre él. Sabíamos de los pilotos y de sus planes suicidas ".

En junio de 2001, de acuerdo con el Frankfurter Allgemeine Zeitung, inteligencia alemana, el BND, advirtió a la CIA y a Israel de que terroristas de Oriente Medio  estaban planeando secuestrar aviones comerciales para usarlos como armas y atacar símbolos importantes de América y la cultura israelí." El Mossad , La agencia de inteligencia israelí, advirtió a la CIA y el FBI en agosto de 2001, sobre un gran complot terrorista de células instaladas en los Estados Unidos, según un informe del Daily Telegraph de Londres. Y en agosto de 2001, el Presidente ruso Vladimir Putin ordenó al servicio ruso de inteligencia advertir al gobierno de los EE.UU. "en los términos más enérgicos posibles" de ataques inminentes en los aeropuertos y edificios gubernamentales de acuerdo con una entrevista de la  MSNBC a Putin el 15 de septiembre.

Luego, el 16 de agosto, Zacarias Moussaoui fue detenido después de que instructores de la
Academia Internacional de Vuelo de la Pan Am en Eagan, Minnesota informaran al FBI de que quería aprender a pilotar un Boeing 747 en el aire, pero no cómo aterrizar o despegar. También informaron de que era beligerante, que pagó la tasa de 6300 dólares en efectivo, y que parecía carecer de destreza con pequeños aviones, a pesar de su deseo de operar un jumbo.

A la luz de esta información, la advertencia del Mossad, y la información procedente de las Filipinas en 1995, parece, aunque sólo en retrospectiva, que ha sido profundamente evidente que tipo de plan estaba en marcha. A pesar de ello, de acuerdo con informes, Marilyn Ladner, el vice-presidente de la escuela de vuelo, dijo a dos congresistas de Minnesota en noviembre que realizó de  cuatro a seis llamadas al FBI, y una advertencia de que un jumbo lleno de combustible podía ser utilizado como una bomba, para si llegado el caso convencerles a asignar un agente al caso.

Pero hay más. Antes del 11 de septiembre, el FBI relacionó a Moussaoui con la  Escuela de vuelo del aviador en Norman, Oklahoma. Murad, el hombre que primero puso de manifiesto planes suicidas más de cinco años antes, se había formado en esta escuela para su propia misión frustrada. Otros estudiantes de la escuela estarían incluidos entre los hombres que tomarían parte en los ataques finales.

Para el día 26 de agosto, el día después de que el primero de los secuestradores había pagado en efectivo un billete de ida, y más de dos semanas antes de los secuestros, el servicio francés de inteligencia informó al FBI acerca de los vínculos de Moussaoui con
la red Al Qaeda de Bin Laden, el mismo grupo al que Yousef  y Murad habáin sido vinculados años antes.

En la misma época, John O'Neil renunció a su puesto como subdirector del FBI y líder de sus investigaciones en terrorismo internacional. Lo hizo, según el nuevo libro "Verdad oculta", escrito por los analistas de inteligencia franceses Charles Brisard y Guillaume Dasquie, porque él creía que "los principales obstáculos para investigar el terrorismo islámico en EE.UU. fueron los intereses de las empresas petrolíferas, y el papel desempeñado por Arabia Saudita en ellos."

O'Neil, dejó el FBI para tomar el cargo de jefe de seguridad del World Trade Center. Su primer día de trabajo fue el 10 de septiembre de 2001. El FBI alega que llamó a sus oficinas centrales desde su  oficina de la planta 34 poco antes de que pereciera cuando se derrumbó la torre.

Había otras advertencias también. A finales de junio, ambas, Reuters y United Press Internacional informaban de que un grupo de Bin Laden tenía planes en marcha para lanzar ataques contra América. Según el San Francisco Chronicle, el Alcalde Willie Brown recibió la advertencia de su personal de seguridad de aeropuertos de que "los estadounidenses deberían tener cautela acerca de sus viajes por vía aérea," ocho horas antes de que tuviera lugar el primer secuestro.
Empleados de la empresa de mensajería instantánea sita en Israel Odigo también recibieron advertencias el 11 de septiembre, en forma de mensajes de texto en sus buscapersonas, que un ataque terrorista era inminente. Según www.newsbytes.com, una filial online del Washington Post, que leyeron las advertencias dos horas antes de que el primer avión se estrellara.

Así que, para cuando las llamas, los gritos, y el humo y destrozaron aquella fresca y clara mañana en Nueva York. Agencias americanas y otros organismos tenían una amplia advertencia de un masivo ataque terrorista en suelo americano, la existencia de planes previos para utilizar pilotos suicidas en este tipo de ataques, y el hecho de que al menos un hombre de Oriente Medio dentro de los EE.UU. había tratado de aprender a pilotar un jumbo sin previamente haberlo hecho despegar de tierra. Esto significa que el gobierno sabía exactamente cuando y donde un ataque podría tener lugar. No obstante, esto sugiere que las bases aéreas de EE.UU. deberían haber estado en estado de alerta ante un ataque de ese tipo, y plantea interrogantes acerca de por qué la fuerza aérea no respondió después de que la primera torre fuera impactada.

Sin respuesta

Aviones de combate americanos estacionados cerca de la ciudad de Nueva York tal vez no habrían tenido tiempo de interceptar el segundo avión que impactó contra el World Trade Center. Sin embargo, dos escuadrones de aviones de combate listos en la  Base de la Fuerza Aérea de Andrews, a sólo 10 millas del Pentágono, podría sin duda han interceptado el tercer avión.

Una hora transcurrió entre el momento en el que la primera torre del World Trade Center fue impactada, y el tiempo en que el tercer avión chocó contra el Pentágono. Los agentes sabían que había habido más de dos secuestros, y sabían que el avión que finalmente golpeó el Pentágono había desviado radicalmente su ruta de vuelo. Sin embargo, aviones de la fuerza aérea no fueron llamados a acompañar a los aviones de pasajeros secuestrados, y a ninguno le fue ordenado despegar para interceptarlo hasta después de que el Pentágono fue alcanzado, tampoco se hizo ningún intento de derribar el tercer avión. ¿Por qué?

A raíz de los ataques, el Vice President Cheney dió a entender, en una 
entrevista  concedida a "Meet the Press", que una decisión presidencial habría sido requerida para interceptar un avión secuestrado. Pero esto no es cierto. El FAA, el NORAD y los militares tienen procedimientos de cooperación por los cuales aeronaves militares rutinariamente interceptan aviones comerciales en coasos de emergencia, sin necesidad de una decisión presidencial. Estos procedimientos no se siguieron el 11 de septiembre, a pesar de que se han seguido muchas veces antes y después.

Según un informe de CBS News, el FAA alertó a la defensa aérea de los EE.UU. sobre  posibles secuestros a las 8:38 am en lugar de ordenar despegar cazas desde la cercana Base de la Fuerza Aérea de Andrews, cazas fueron enviados desde la Base de la Fuerza Aérea de Langley en Virginia, que está a 129 millas del Pentágono. Estos aviones fueron enviados a las 9:30 am, pero no llegaron al Pentágono hasta casi las 10:00 am. Esto significa que se estuvieron desplazando a 258 mph- una quinta parte de su velocidad máxima, de acuerdo con un análisis de la investigación llevada a cabo por el reportero George Szamuely.

Además, el presidente sabía antes de llegar a la Booker School que el World Trade Center había sido atacado, según las pruebas presentadas por el periodista de investigación Jared Israel. Seguramente el presidente podría haber interrumpido una visita relativamente poco importante a la escuela primaria para responder a la mayor emergencia nacional desde la crisis de los misiles cubanos. En cambio, siguió adelante con su visita a la escuela, leyendo a los niños durante media hora una historia a cerca de una cabra.

Artículos por Israel, Szamuely, y otros-junto con mapas y calendarios de los eventos del 11S pueden ser vistos en línea en www. emperors-clothes.com/indict/911page.htm

Además, hay informes no confirmados de testigos presenciales que tanto el World Trade Center y la Casa Blanca (que fue sobrevolada de cerca, al parecer como objetivo abortado, por el avión que impactó en el Pentágono) han sido equipadas con
baterías de misiles tierra-aire. Si existen, obviamente no se utilizaron.

Investigaciones finalizadas de inmediato

En los días siguientes a los ataques, el Presidente Bush prometió que los EE.UU. indefectiblemente encontrarían y castigarían a los terroristas que estaban tras los ataques. Pero, en realidad, la administración Bush ha obstaculizado las investigaciones de lo ocurrido el 11 de septiembre.

A principios de este año comenzaron los esfuerzos de la Administración para detener la investigación del Congreso sobre los ataques. En primer lugar, según lo informado por CNN, el Vice President Dick Cheney en llamada telefónica al Líder de la Mayoría del Senado Tom Daschele (D-SD) le pidió que cualquier investigación se limitará a un único subcomité de la Cámara y uno en el Senado. Cuando ese esfuerzo fracasó, el Presidente Bush pidió una reunión privada con los líderes del Congreso en el que él personalmente hizo la misma petición a Daschele, y recibió el mismo rechazo.

Incluso antes del 11 de septiembre, cuando Osama bin Laden era buscado por los atentados de la embajada y otros actos terroristas, las investigaciones de los servicios secretos de los EE.UU. sobre la familia Bin Laden habían sido detenidos por el presidente de los EE.UU.. De acuerdo con un
informe de la BBC de noviembre de 2001, la administración Bush ordenó al FBI y otras agencias de inteligencia "retirarse" de las investigaciones sobre la familia Bin Laden en enero de 2001. Esta fue sólo la última de una serie de ordenes similares que se remontan a 1996.

Tal vez el aspecto más extraño de las circunstancias que rodean los ataques terroristas  sea el comportamiento
del presidente Bush inmediatamente después. Cuando el primer avión impactó en el World Trade Center, Bush estaba leyendo a los escolares en una escuela primaria de Florida. Incluso después de ser informado del segundo accidente, Bush siguió leyendo a los escolares durante media hora como si nada hubiera ocurrido, antes de pasar el resto de la jornada volando de un lugar no revelado a otro lugar no revelado.

Más extranñas aún fueron las declaraciones de Bush. Una vez en Florida en diciembre, y otra vez en California a principios de enero, de que fue testigo del primer accidente en la televisión antes de que comenzara a leer, en un momento en el que nadie sin un conocimiento previo de los ataques tendría razón alguna para estar viendo un video desde la parte superior del World Trade Center. Ninguna explicación para estas declaraciones ha sido dada.

Planes de invasión

El plan de los EE.UU. para derrocar a los talibanes fue presentado al pueblo norteamericano como respuesta a los ataques terroristas del 11 de septiembre. Nada podría estar más lejos de la verdad. De hecho, hay pruebas de que tal plan existía, y con el apoyo de aliados de EE.UU. en el extranjero, meses antes del 11 de septiembre.

El pasado mes de junio, los lectores de la revista 
online de asuntos públicos Indiareacts sabía acerca de la inminente y conjunta invasión ruso-americana de Afganistán en apoyo de la Alianza del Norte. Un informe especial sobre el asunto comenzó, "India e Irán " facilitarán a "EE.UU. y Rusia los planes de" acción militar limitada "contra los talibanes", y siguieron dando la lista de motivos para la existencia de la coalición internacional. La lista incluía petróleo del Caspio y la propagación del terrorismo internacional, que preveía la posibilidad de crear un régimen fundamentalista que se extendiera desde Kandahar a Grozny para así controlar el acceso a los vastos recursos naturales de Asia Central.

Meses antes, en marzo de 2001, el respetado centro de análisis militar "Jane's Defense" informó de que la India se había sumado a la coalición contra los talibanes, y planeaba suministrar "información y apoyo logístico" a la Alianza del Norte. A mediados de julio, Pakistán había sido informado del plan de EE.UU. para atacar a Afganistán "antes de las primeras nieves," a más tardar a mediados de octubre.

En un artículo publicado sólo una semana después de la destrucción del World Trade Center, la BBC citó al ex Secretario de Relaciones Exteriores pakistaní Niaz Naik en el sentido de que altos funcionarios estadounidenses le informaron de la prevista invasión de Afganistán, dos meses antes de los ataques contra el World Trade Center. Se le dijo que
personal militar de EE.UU. ya se había desplazado a Tayikistán, que 17000 tropas rusas estabn en stanby, y que Uzbekistán se había decidido a participar. Niaz Naik también supo, dos meses antes del 11 de septiembre, que los objetivos de la misión serían la de matar o capturar al dirigente talibán Mullah Muhammad Omar, así como a Bin Laden, y  derrocar al gobierno de los talibanes y sustituirlo por uno de transición pro-occidental.

Tal vez la administración Bush tenía previsto anunciar la próxima invasión de Afganistán y buscar el apoyo público, pero abandonó este plan una vez que los acontecimientos del 11 de septiembre lo hicieron innecesario. Tal vez el proyecto de invasión, incluso precipitaron los ataques terroristas.

Una cosa parece segura: el derrocamiento de los talibanes no es la respuesta justa al 11S a la que el pueblo de los Estados Unidos ha sido llevado a creer.